viernes, 1 de marzo de 2013

Las aventuras de un cuentero cordobés




En el mundo agitado y posmoderno en el que vivimos muchas tradiciones se han dejado atrás, ahora se lee, se trabaja, ve tele y películas en línea, se busca el entretenimiento masivo y se dejan de lado algunas de las practicas más antiguas, inauguradas por los padre, abuelos y juglares, el contar un cuento.

Hace 6 años ya, Iván Zepeda Valdés, el Cuentero Cordobés, decidió trasladarse de Córdoba a Xalapa porque se maravilló del movimiento cultural de la ciudad, después de haber permanecido 2 años en Barcelona fogueándose como narrador oral.

Iván llegó a Xalapa a la Feria del Libro porque lo contrataron para contar, aquí vio teatro, ligó, contó cuentos, escuchó música y decidió trasladarse para probar suerte.

Al tomar esa decisión Iván empezó de cero, fue algo difícil porque no lo conocían a pesar de tener casi 10 años de experiencia, sin embargo, se le ocurrió armar un espectáculo que se llama Noche de Leyendas, el cual también hacía en Córdoba. Esta Noche es un recorrido que sale del parque Juárez hacia algunos recovecos de la ciudad y se narran las leyendas más importantes de Xalapa, por esa razón es que le propone el proyecto al Ayuntamiento y recibe el apoyo, este año el proyecto cumple 6 años.
Para este recorrido Iván inventó un personaje, Don Miguel Zepeda de Córdoba, marqués de Guadalcázar, que ha sido muy bien recibido por el público. Iván dice entre risas que para su sorpresa, con las mallas, los holanes de la camisa y el pañuelito, por alguna razón, se afemina un poco. Lo describe como una mezcla de Jack Sparrow que tira el perro “a las que se dejan”.

Los días de muertos son muy especiales porque en el Panteón de Palo Verde y en la Cueva de la Orquídea se organizan recorridos y relatos alusivos.

“Me divierte mucho el marqués, está loquito y es diferente como narro con él”, dijo Iván.

Hasta octubre Iván manejaba dos foros, uno de cuentos para niños en Tonatiuh, en el callejón del diamante, y otro para adultos, en Alquimia, que los dejó un rato porque se dio un tiempo para dedicarse a su hijo recién nacido.
Asimismo, cuenta con una gran experiencia porque ha contado por todo el país como en los festivales de Huachichila en San Luis Potosí, el Festival Internacional de Narradores de Santa Catarina en el DF, en Oaxaca, en el festival Cuentos grandes para calcetines pequeños, que se hace en abril, Palabras al viento en Guanajuato, entre otro tipo de foros y Ferias del Libro.

Había una vez…

“Mi oficio es cuentacuentos o cuentero, desafortunadamente por el uso coloquial de la palabra, muchas persona piensan que es despectivo decir que una persona es cuentera, como diciendo que eres chismoso y mentiroso. En realidad cuentero es la forma más tradicional de decirle a lo que hago. Este año cumpliré quince años de vivir del cuento sin ser político, lo que es complicado pero sumadamente divertido y bueno, me ha ido muy bien y después de nacer es lo mejor que me ha pasado.

“Gracias a esta profesión he podido hacer muchas cosas, he viajado, conocido mucha gente, yo vivo de esto, es mi forma de vida, yo soy cuentero tiempo completo. También hago teatro, doy talleres de fomento a la lectura. He ido a muchos lugares contando cuentos, en algunas ocasiones sólo agarraba la mochila y daba el rol contando donde podía sin tener una ruta o lugar fijo, sin un itinerario, así me fui a Guatemala y otros lugares, contando en el camino, hice espectáculos en la calle o buscando un lugar para presentarme con permiso. En varias ocasiones he sido invitado a diferentes festivales de cuentos, como a la ciudad de México, varias veces, a Oaxaca, a Colombia o en España”, platicó Iván, que no puede negar su sangre de cuentero, ya que mientras habla las palabras revolotean por el aire y entre sus expresiones faciales y ademanes parece que está entretejiendo la historia frente a los ojos.

Los inicios de su profesión como cuentero fueron más bien una mezcla de azar y buena suerte, Iván explicó que esta profesión es por influencia de su abuela, la que se soltaba a contarse historias de su pueblo, una gran narradora que le dejó claro el potencial y la belleza del contar historias. “Ella me contaba historia de brujas, chaneques, aparecidos, risas del monte, nahuales, así que así crecí. Cuando entré en la etapa de la ‘aborrescencia’ me metí a estudiar derecho y entre otros trabajas, un día caí como bibliotecario”.

A la directora de la biblioteca de la ciudad de Orizaba le dieron la dirección de la Biblioteca Pública Regional José Bernardo Couto y Pérez, ella conocía al futuro cuentero y lo llamó para trabajar con ella.

En este tránsito, entre el derecho, Córdoba, Orizaba y su trabajo en la biblioteca Iván se dio cuenta que lo que más le gustaba era el fomento a la lectura y la narración oral. Afortunadamente, a la directora de la biblioteca y a él lo invitaron a tomar un curso de Narración Oral en Tehuacán Puebla.

En el primer día la tallerista, Beatriz Falero, fundadora del grupo de Narradores Orales de Santa Catarina en Coyoacán, lo conquistó desde la primera vez que abrió la boca para contar, “fue amor a la primera contada, me enamoró, cómo con tan pocos recursos podía lograr cosas tan lindas, cómo podía tocar mi corazón y mi mente y podía quedarme dos o tres días pensando en ese cuento y cómo sólo con su voz, su actitud y con su energía hacía que te imaginaras todo, casi podías ver y tocar a los personajes, hasta olerlos, carajo”.

Ese taller echó a girar la rueda del destino del cuentero, le abrió los ojos a la vida que quería para él.

Se echa a andar la historia

Al volver a Orizaba, traía los ánimos por los cielos y él y su jefa no tardaron en inventarse un proyecto que se llamaba la Biblioteca en la Calle, consistía en que un día a la semana iban a las colonias en la periferia de Orizaba y les llevábamos libros, les contaban cuentos, “fue muy padre porque en un año visitamos muchas colonias, esos fueron mis pininos como cuenta cuentos y formamos un pequeño grupo, con chicos de servicio social, mi hermana y otros”.

Así como así se hizo maestro y cuentacuentos, pero se dio cuenta de que le hacía falta algo, más repertorio y más técnica, pero volver a ir a Tehuacán o al DF para tomar otro taller de narración oral era imposible por su trabajo, así que optó por estudiar teatro, en el Instituto Regional de Bellas Artes, con el maestro Julio Martínez Escamilla.

“Me metí a hacer teatro para agarrar más técnica, ahí aprendí sobre el manejo de la voz y el cuerpo, adquirí más seguridad, así fui combinando la narración oral y el teatro, hasta me puse a dirigir teatro en las escuelas que trabajaba, con gente que sabía menos de teatro que yo. Julio me dijo que era osado porque aunque no tenía ni la técnica ni la preparación para ser maestro lo era. Yo le dije que era la necesidad chingao. Logramos cosas muy padres en teatro, lo fui combinando con la narración y el fomento a la lectura, y cada vez el derecho era más jodido, duro, más amargo. También hice prácticas profesionales y me dije qué putas hago en esto, es una mierda. Me asqueaba, sobre todo porque el sistema está muy corrompido porque en teoría el Derecho es muy bonito.

“El día que me estrené oficialmente como cuentos fue un día de Muertos en la Biblioteca pública de Orizaba, a donde fue mi abuela. Ahí inicié y dejé de trabajar en la Biblioteca pública de Orizaba y regresé a Córdoba a donde empecé como bibliotecario en la escuela Hispano Mexicana, con proyectos de fomento a la lectura y contaba en el Museo de Antropología de Córdoba”.
Ahí Iván estaba muy bien, pero en un día en unas vacaciones de verano andaba en Oaxaca y conoció a unas españolas que le metieron la idea de ir a España, conocer a otros cuenteros y ver mundo.

La escuela de narración

Esta decisión fue muy importante en la vida de Iván, porque ahí vivió una experiencia por dos años, muy importante para su profesión. Cuando llegó a la ciudad de Barcelona conoció la Catedral del Cuento, el Harlem Jazz Club, donde se programan cuentos desde hace 15 años, ininterrumpidamente todos los sábados, menos en verano, cuando llegan los vacacionistas que sólo quieren sexo drogas y rock and roll.

“Me enteré que una tal Marta Escudero programaba cuentos en el Harlem y era mexicana, así que yo dije, ‘ya la hice’, le mandé un correo muy correcto para presentarme. Después me enteré que cuando leyó el correo se estaba partiendo de la risa porque tenía mucho tiempo que nadie se le dirigía en mexicano”.

Aunque Marta Escudero no lo programó para contar inmediatamente, sino seis meses después, por ser extranjero y poco conocido, fue muy generosa con él y hasta le consiguió lugar donde vivir. Sin embargo, se le dio la oportunidad de ser taquillero, ahí, Iván escuchó por seis meses y gratis, historias de todo el mundo y desde todos las formas de narrar, en la voz de cuenteros reconocidos y experimentados de todas partes del mundo como el japonés Yoshihira Hioki, uruguayos, mexicanos, argentinos, colombianos, catalanes, españoles y africanos.

“Yo siendo cuentero, con una trayectoria de años, era el taquillero. Ahí estuve cada sábado, pero pude ver a todos ellos, muy renombrados y otros muy malos, esa fue mi escuela. Nunca había visto tantos cuentacuentos”.

Asimismo, Iván dijo que se dio cuenta de que era muy importante contar historias de su cultura, porque así lo hacían esos grandes narradores, eso fue parte del encuentro con su identidad como narrador y mexicano del otro lado del charco.

“Los que son mejores son los que cuentan cosas de su cultura, porque son cosas auténticas, cosas que ellos viven, con las que han crecido. Uno de los mejores cuentacuentos que he visto en mi vida es Boniface Ofogo, de Camerún y príncipe. Él llega con su indumentaria de príncipe africano y cuenta cosas de allí, buenísimas, es súper talentoso, mucha chispa, interacción con el público, magistral. Bellísimas las cosas que cuenta. Es un cuentero excepcional”.

Pasados los seis meses, Iván contó algunos cuentos eróticos y preparó la narración del Popol Vuh, lo cual fue un reto porque hay que explicarle la cosmología y las tradiciones al público para que no se pierdan, fue más de una hora de narración pero ofreció al público un texto clave de la cultura mexicana.

El caso es que después de dos años, las experiencias en Barcelona fueron muy satisfactorias, fue ocupa, es decir que vivió en una casa abandonada, pero después fue hora de regresar a México, por motivos personales tuvo que volver y se quedó un año en Córdoba y luego a Xalapa, donde lo demás ya es una gran historia para contar.

La Noche de Leyendas se organiza los fines de semana y los interesados pueden ir a la estatua de Benito Juárez a las 7 de la noche.